sábado, 2 de julio de 2016

El retrato de Irene, de Alena Collar


Ya he escrito antes en mi blog sobre Alena Collar. Reseñé un libro de relatos cortos: Estampaciones, y su primera novela: El chico de la chaqueta roja.


Y como dicen que no hay dos sin tres, aquí llega la tercera reseña. Le toca el turno a la segunda novela de Alena:


El retrato de Irene


¿Por qué leo a Alena Collar? Algo adelantaba yo en mi entrada sobre estampaciones:

No conozco a Alena Collar en persona. Me crucé con ella por casualidad en el feis y reconozco que me quedé un tanto enganchado a su carácter, a su sinceridad descarnada y brusca (lo que sería sinceridad a secas si la sinceridad sinceridad no fuese un bien tan escaso en nuestros tiempos)”.

Las cosas han cambiado entre nosotros, y lo dicho entonces ha dejado de ser cierto. Alena sigue siendo directa, roja, y continúa haciendo gala de esa sinceridad descarnada que algunos tildan de bordelería. Eso sigue igual, y que no cambie. Lo que ya no es lo mismo es lo primero, porque ahora sí nos conocemos en carne mortal. Suerte la mía y chínchese la concurrencia.

Pero vamos con la novela, que siempre me enrollo y no arranco.

Una edición cuidada y agradable, con una portada limpia y sobria, casi minimalista, sin más ilustración que un marco sin retrato. Y es que aún es pronto para que el retrato de Irene se nos revele. Hay que leer.

Primera página. ¡Ay madre! Frases muy cortas en párrafos muy cortos. Me incomoda. Por lo que sé de la novela, va a tener mucho de retazos y mucho de puzle, y si esto sigue así me quedan trescientas páginas de incomodidad.

Narra la historia un tal Álvaro, que comparte con Alena —no parece casual—, además de las dos primeras letras del nombre, año de nacimiento, formación y oficio. Yo me atrevería a decir que comparten mucho más.

Segunda página. Tranquilos, queridos lectores, que no voy a ir página a página. Me centro. La alternancia de voces y épocas a menudo es un malabarismo difícil de llevar con gallardía en una novela. La cosa no es fácil, y a veces hay que ayudar al lector mediante el uso de diferentes tipos de letra, cursivas, líneas de separación, títulos y títulos de capítulos y capítulos porque, sin algo de eso, el lector no se aclara.

Pues, como decía, acometo la segunda página con precaución, y compruebo que Alena no usa ninguno de esos artificios. El relato y yo saltamos de Madrid a Santiago de Chile, del hoy al ayer —un ayer que no transcurre necesariamente en orden cronológico—, de la voz de Álvaro, centrada y decidida aunque algo confundida, a la de Irene, sesgada, entrecortada y ocultadora. El relato y yo saltamos de aquí —o de acá, según desde dónde se mire— para allá pero yo ya no estoy incómodo. Me gusta, porque Alena demuestra que es la malabarista que requiere este tipo de historias, y me conduce diestramente a su través.

Los párrafos se alargan en un estilo que cautiva y una historia que te enreda para construir una novela ciertamente espléndida en la que las piezas del puzle se van encajando, en dosis bien medidas para mantener la intriga, hasta el desenlace final que transcurre, mire usted que bien, en mi Bilbao.

Últimamente, por desgracia, tengo muy poco tiempo para leer, pero ya he leído media novela y no puedo dejarlo. Tengo un viaje a Barcelona. A veces utilizo el avión para adelantar algo de trabajo, a veces veo una película, a veces leo. Esta vez lo tengo claro. Toca leer. Me fulmino lo que me queda de novela y el viaje se me pasa en un suspiro.

Enhorabuena, Alena, y gracias por esta gran obra. Un nuevo y estupendo libro en mi estantería y una mujer extraordinaria y nueva amiga en mi corazón.

Sinopsis:


El retrato de Irene es una historia coral, un tapiz a construir, una memoria de otros y de la propia Irene.

Cuando Álvaro, su nieto, a la muerte de esta, regresa a la casa familiar para venderla, desconoce que va a emprender un viaje; un viaje a través de los años y los recuerdos tanto de Irene como de quienes la rodearon.

Pero también desconoce que, al conocerlos, va a completar no sólo el retrato de Irene, sino el suyo propio, de dónde procede, el porqué de los silencios que le han rodeado, y sobre todo qué significa la Belleza en alguien que asistió a su crepúsculo.


La autora:

Alena Collar (Madrid, 1960). Licenciada en Periodismo. Profesora jubilada de Lengua castellana y literatura, directora de Alenarte Revista, revista digital de arte y literatura. Es autora de los libros: La Casa de Alena (2003), Teatrerías (2005), Estampaciones (2009), El chico de la chaqueta roja (Tenerife, 2014) y El retrato de Irene (Tenerife, 2016). Ha participado en diversas Antologías literarias, siendo la más reciente Cosecha de Verano (2013) y en la revista digital Espacio Luke (verano 2013 y septiembre 2013).Tiene publicados seis inencontrables poemas en la Editorial CLA de Bilbao allá por 1980.
Su blog personal: La Bitácora de Alena http://alenacollar.wordpress.com/

Es aficionada al arte, la fotografía, la música e impenitente lectora, escribe porque no sabe dejar de hacerlo y todavía usa el bolígrafo para muchos de sus textos.

1 comentario:

  1. Muchas Gracias!...
    Arriquitáin...
    Menos mal, menos mal...yo mentiendo...
    Un besazo!

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